Tenerife (por @JuliaRguez)

Tenerife

_desde la mirada de Julia

Día 1

El avión sobrevuela la isla y es imposible no fijar la mirada en el Teide, un enorme y desproporcionado peñasco, una montaña de fuego, con más de 3.700 metros de altura que domina desde su posición centrada y privilegiada toda la isla. Parece imposible zafarse de esa mirada inquisitorial que vigila constante, desde más allá del lejano mar de nubes, cada rincón de la isla.

Por delante dos días y un coche para recorrer la isla más extensa del archipiélago Canario y así descubrir aquellos lugares especiales que en ella se esconden.

En el Maletero nos acompañan dos indispensables: Alfred Kerbs y sus lentes -que nos protegerán del radiante sol- y los suaves kaftanes artesanales de Mauloa, para días de playa sin fin... Una primera parada en la localidad costera de Bajamar donde el mar sacude con fuerza el malecón que constantemente renueva el agua de las majestuosas piscinas naturales. Un acontecimiento que no termina de cansar a los locales que abandonan sus coloridas y geométricas casas para disfrutarlo.

Ponemos rumbo al macizo de Anaga, situado en el nordeste de la isla, por la carretera de Tegueste que enlaza con la carretera de las Mercedes. El coche avanza atravesando las impresionantes formaciones rocosas mientras el camino se diluye por las serpenteantes carreteras.

A medida que vamos descendiendo tanto el clima como la vegetación varían. Casi llegando al destino deseado se puede disfrutar de un cálido sol y de la rica y endémica flora tropical, palmeras y dragos, de la isla. Tras un largo zigzagueo por las empinadas y enrevesadas carreteras paramos para comer y disfrutar de un baño en Benijo. Una preciosa terraza del restaurante El mirador nos permite divisar con claridad la peculiar playa de arena volcánica con grava negra y sus característicos roques, que se adentran en las peligrosas aunque esta vez tranquilas aguas. 

Tras disfrutar de los variados y a menudo desconocidos platos que ofrece la gastronomía típica de la isla nos decidimos a bajar los incontables escalones que acceden a la orilla. Se va haciendo tarde y tenemos que aprovechar el tiempo para llegar al atardecer del mirador de La Playa de las Teresitas, una increíble panorámica de la capital. 

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Día 2

Ya es de día aunque por la hora y la oscuridad podría decirse que aun es de noche. Salimos a las 6 de la mañana rumbo al Teide para evitar el tráfico y sobre todo, turistas. Con un café caliente en la mano para contrarrestar los -4 grados que nos esperan comenzamos a ascender por la Carretera de la Esperanza. A medida que avanzamos se puede distinguir el amanecer entre la inmensidad del bosque de pinos canarios.

La primera parada la hacemos en el Mirador del Valle o más bien conocido como el Mirador de la Tarta. Situado en la cabecera de un pequeño barranco da vista al Valle de La Orotava, al Teide y al fondo la Isla de La Palma. Este enclave es único porque recoge los diferentes materiales arrastrados por las erupciones del volcán, que forman estratos de diferente color –y se asemejan a una tarta-.

Seguimos rumbo al corazón de la isla. Aprovechamos el paisaje lunar para seguir consiguiendo fotos irrepetibles.

Son las 10 de la mañana y parece que llevamos todo el día fuera. Comenzamos a bajar por el lado sur del Teide… Ahora el paisaje es más seco, los pinos van desapareciendo y los cactus los van relevando.

Una hora más tarde  llegamos a la playa de la Tejita. Tras varias fotos y un refrescante chapuzón nos dirigimos a un pueblo cercano para comer y acabar la sesión con un buen pescado fresco y unas cervezas. Finalizamos el día en La Laguna, cuyas calles y ambiente te transportan a la época colonial en pleno continente sudamericano.

Sin duda un viaje para recordar.

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